Altos poemas escritos a través de la humanidad
románticos empedernidos escriben sin cesar,
a sus seres amados hacen sonrojar,
una mirada, una caricia, un manjar
Etéreos pensamientos rodean el caminar
del ente maldito, del ser al cavilar,
vuelan cuan pluma bicolor
se posan en el umbral astral
¿A quién culpar de tanto pensar?
Un ser idílico, un ser lunar,
quien vive en la vida de los demás,
pero única en su andar
Labios escarlata, gajos a devorar,
ojos almendrados, puertas a la eternidad,
piel tersa y efervescente, manto a relajar,
cabello rojizo, cual fuego matinal
Pequeño ser es usted,
hermoso e inefable, único y especial,
la vida de los efímeros pasará
sin ver maravillas en su mirar
Hela ahí, no hay nada más que pedir,
con su presencia, espacio definido,
con su mirar seduce ideas y pensamiento,
con su sonrisa, ¡ah, tiempo infinito!
Pido a la noche astral, a la noche sideral,
a Hermes, que me traiga una noticia suya,
que me cuente que piensa bajo la luna,
que me traiga una brisa suya, una mirada, una caricia
Que me cuente tus ideas, tus placeres
que me diga que sin mí no puede,
usted, hermoso e inefable ser,
cuente con ello, yo lo sabré
que los días piden su clamor,
que no hay nada en la eternidad,
que me aleje de su idea, de su pensar,
que algo me diga “ya no más”,
“no luches por ella, no vale la idea”,
calladas y oprimidas las voces quedarán
¿Dígame qué hago sin usted?
¿Dónde veré esos labios y esos hilos danzar?
¿Dónde pensaré en la noche espectral?
¿Dónde cobijaré mi cuerpo sin su piel matinal?
¿Dónde viviré si usted, hermosa mía, ya no está?
Algún día dejaré de existir,
pero tengo la dicha, la gracia de haber visto vivir,
aquél ser inefable, hermoso y sutil,
¿Quién fue aquél ser perfecto, único y sin fin?
Mis ojos postrados en la luna recordarán,
en mis últimos minutos el cielo clamará,
en el viento guardado tu nombre estará,
“aquél ser eterno vi a mi lado,
su nombre en mi pensamiento guardado,
Larissa llamada fue, ser que toda la vida amé,
aquí el ser finito pide por última vez,
ver su risa, su rostro, un beso, y en paz estaré”.
Al final, estás palabras resonarán,
en la mente, en la vida de un ente más,
que se va del mundo con tal furor,
de haber conocido el eterno amor:
“Porque llegará la aurora, y en
silencio gritará que el mejor verso reside en tu boca escarlata”.
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