"Sumido en la infinita monotonía diaria, siempre he de hacer lo que debo hacer, no importa la ocasión". Estas, palabras silenciadas por el sonido estrepitoso de la "vida" cotidiana de algún ser que se dirige a su inevitable tristeza, pero, a final de cuentas, su creada inevitable tristeza monótona. Pobre de él, lástima es lo que se alcanza a sentir.
Pero tal vez sea un día así para todos, aunque sea un festejo de algún compañero de trabajo, el nacimiento de alrededor de un millón de seres acarreados a su total destrucción, de los cuáles sólo el diez de cada cien harán sus vidas cómo lo desean (a pesar de, obviamente, su destrucción, son capaces de afrontarlo y VIVIR con ello), o sea el "funeral" de un amigo y una amiga, al final, para cada uno, es un día común (a menos claro que sea su día de cumplir años..., y aún así sólo le dura esa "felicidad" el espléndido tiempo de veinticuatro horas).
En fin..., el día se levanta tal y cómo cada quince de Marzo; aquél mismo quince de Marzo que se decía que era celebración por ser Luna llena; aquél mismo quince de Marzo en que se le advirtió al César de su inevitable y violenta muerte; aquél mismo quince de Marzo que festejaban los romanos por ser día de buen augurio...; sí, el mismo quince de Marzo de hace setenta y cuatro años, en qué el color que cayó del cielo, volvía a su lugar de descanso en R'lyeh.
El día transcurrirá, cuándo menos, con un agradable aroma en el ambiente, para, cuándo menos, dos seres sumidos en situaciones totalmente diferentes que la primera mencionada, ya qué son sabientes de qué a cierta hora diurna (maldecido el tiempo, también por ambos), recobrarán y evocarán de nuevo, aquél Idus en qué entablaron y se perdieron en alguna festividad local.
El tiempo, la hora llegó, ¡Que deleite saberlo!, al fin, después de enredarse y quedar atrapados (obligados a obligarse cabe mencionar) en la maraña social y vacía, y después de esperar ansiadamente ese momento, esté maldecido siempre, ha llegado...
Sonidos, palabras, gestos, miradas, carícias, risas, esbozos de miradas perdidas en la infinidad, en fin, sea cuáles sean los adjetivos, al final, se han perdido ya, en el lugar que crearon con anterioridad (¡Y qué fue retratado ya!)...
"Las palabras flotan", se esparcen creo yo, en la mirada de cada cuál, pues no se atreven a escapar..., y al concluir el tiempo (¡Puto!), se despiden tras deleitarse con sus gustos etéreos (dijo el otro jaja), pero no sin antes, atrapar una frase de esas "palabras flotantes", y sin preverlo, salen al unísono, al mismo compás, de las dos bocas; no una más fuerte ni más débil que la otra; NO, iguales..., pero cómo debe ser..., diferentes, y quizás por eso se encuentran juntos. Se despiden, sólo por ese "día especial", pues son conocedores, el uno y el otro, qué cada día, es especial.
...-"¡Jajajajá!, los Idus de Marzo han llegado.
-Sí, han llegado, pero aún no se han ido."
... Y ojalá, espera aquél, que no se vayan.