
Hela ahí, caminando hacía ese verde valle, que hoy es naturaleza muerta que trae el invierno, y lo convierte en ese tono sepia tan agradable y extrañable en ocasiones; se dirige a aplastar y hacer sonar esas hojarascas que al unísono de su voz y risa, se convierte en melodía única e inigualable, ella…, ser que antes no se veía capaz de alcanzar o al menos, estar de esa manera tan agradable.
Y se va, en dirección a ese pedestal de concreto que se ha tornado ya en el lugar que alzara en algún tiempo, figuras y recuerdos duraderos, no para la eternidad, sino más bien quedarán plasmados en esa memoria abundante, al parecer, incapaz de olvidar detalle alguno.
Se detiene, enfrente de esa banca mal coloreada, y se dispone junto a él a perderse en palabras y temas, frecuentes sí, pero que los atormentan, divierten, satisfacen, los hacen debatir, pensar, hablar, expresarse…, en fin, temas que por lo visto, sólo ellos son capaces de comprender y compartir, uno al otro, sin limitantes ni represiones.
Al acercarse el crepúsculo, lentamente, se empiezan a contemplar uno al otro, comienzan a perderse, no ya en temas amenos (al menos para ellos), si no en algo en que se es inevitable e imposible no caer…, en el mar pasional de caricias y roces de labios, de pensamientos, de sentimientos…, infinidad.
Sin preverlo, él empieza a preguntarse, sin ninguna anticipación:
¿Qué siente ella en este momento?
¿Qué piensa?
¿Qué sensaciones recorren su mente divagante?
¿Qué más puedo hacer?
¿Cómo decirle lo que siento?
¿Cómo hacerle para de….
De pronto, cesan los besos apasionantes y delirantes, de la nada y sin saber porqué.
Las palabras quieren empezar a salir, pero no fluye nada, se desea expresar tanto y no se dice nada, se quiere explicar esa sensación nunca antes sentida, pero no sale nada…
Y él, sabiente de que las palabras no describen nada en ese momento, intenta aunque sea, hacerlo saber:
Sin más, ya no hay palabras, que hagan expresar que él, encontró y definió lo que es sólo para él, aunque sea una pequeña parte, esa vasta y posible, infinita palabra.
Cuando el crepúsculo enreda nuestra arboleda de Epicuro, me pierdo en ti tan inevitablemente.
ResponderEliminarY las preguntas interminables mientras fungimos en el ósculo nocturno me abrazan toda.
Intriga como aquel poema tuyo, intriga como la de éste. Intriga siempre, como la de ¿cómo hacerle para de...
Mmm pinche! Necesito un café, iré a prepararlo mientras esbozo sonrisas taradas, nerviosas y felices por su culpa. ñ_______ñ
Lo quiero 23456789281736475596970382737^1000000 veces.